La última representación sagrada de nuestros tiempos
La última representación sagrada de nuestros tiempos

La última representación sagrada de nuestros tiempos

“El fútbol es la última representación sagrada de nuestros tiempos” decía Pier Paolo Pasolini hace cincuenta años. Quizás si opinaría lo mismo hoy en día. Pasaron tantas cosas en las últimas décadas que es difícil decirlo y por último pasó esto de un mundial en Qatar. Ya sabemos lo machista, homofobo, retrógrado que es Qatar, ya sabemos las miles de personas que murieron injustamente trabajando, ya sabemos todo y obviamente no compartimos nada. Con este mundial quizás tocamos fondo, es verdad, pero a pesar de todo lo que pasó a nivel político, miremos al deporte. A pesar del mundo en el que vivimos, donde casi todo se mueve por plata, incluso la sede de un evento tan importante como este, para mi el fútbol sigue siendo sagrado. Que loco citar a Maradona después de Pasolini, pero la verdad es que Diego también tenía razón. La pelota no se mancha. Ni con la droga, ni con la plata, ni con nada. Porque a pesar de que el mundial se juega en Qatar, la selección local no pudo sumar ni un punto. Podes corromper la Fifa, podes corromper el arbitro, pero no podes corromper la pelota. Porque por cuanta plata se pueda mover alrededor suyo, la pelota sigue siendo caprichosa, libre e incorruptible. Por esto la amamos tanto. Por su pureza. 

En un mundo siempre más individualista, materialista y superficial, el fútbol sigue escapando a todo esto, corriendo como un loco, precisamente como Maradona contra los ingleses en el Azteca. Inalcanzable. El fútbol sigue siendo al día de hoy una de las pocas cosas que no se puede comprar. El fútbol nos une, nos emociona y no nos pide nada a cambio. Y el mundial sigue siendo la competición más linda, más soñada y más emocionante porque a todo esto se suma la ilusión de un país, el enfrentamiento de distintas culturas, la historia que compartieron y hasta a veces las guerras que combatieron.

El día que perdimos el primer partido contra Arabia dije que no iba a tomar más alcohol hasta que Argentina saliera campeón. Hoy llevo 26 días sin tomar. Y la verdad no creo en las cábalas, creo en esta selección. Aposté a esta selección. Después de esa derrota seguía convencido que íbamos a jugar el 18 de diciembre. Además del amor que siento por Argentina, además de todas las apuestas, siendo italiano el rival de mañana no me deja indiferente. Mañana nos jugamos todo, es verdad, pero quiero decirles algo. A lo largo de un mes, estos tipos nos regalaron emociones increíbles. El grito de desahogo al gol de Leo contra México cuando todo se estaba complicando, el remate de Mac Allister que pega en el palo y se mete en el arco polaco, la gigante atacada del Dibu al minuto 97 contra Australia con Ota y Enzo que van a abrazarlo, lo picante que fue contra Holanda, la conmoción de mi hermano a los penales, la garra de Julián en correr detrás de esa pelota hasta meterla adentro del arco croata y la fiesta descomunal que se armó después. Pase lo que pase, jamás me olvidaré de estos momentos que compartimos junto a nuestros seres queridos. Porque, como la pelota, las emociones no tienen precio. Pase lo que pase, estos tipos los voy a querer y agradecer para siempre.